domingo, 8 de febrero de 2015

Mensaje 54

¿Sabes esa sensación de pensar que conoces a alguien, y de repente, darte cuenta que no?
Contigo me pasó todo lo contrario.

Me vacilaste.
Te ignoré.
Me buscaste.
Te ignoré más.
Te detesté.
Te odié.
Jugaste.
Te calibré.
Te dudé.
Te volví a odiar.
Te distancié.
Te reanudé.
Te miré.
Te temí.
Me sorprendí.
Me contuve.
Me odié.
Me desaté.
Me até más fuerte.
Me escapé.
Te mostraste.
Te ví.
Te sentí.
Lo sentí.
Me castigué.
Me perdoné.
Te castigué.
Aún no te perdoné.
Me convencí.
Me perdí.
Te giraste.
Me perdiste.
Y mirando atrás, sé que algún momento del camino, me decepcionaste.

Ya no lo aguanto más.
Es como si, continuamente, te vomitaran en la boca. Y tuvieras que tragarte ese vómito.
Una imagen asquerosa. Lo sé.
Pero no tienes ni idea de las atrocidades, que tuve que aguantar en el pasado.
De esas que generan un insomnio duradero y arrollador.

Y sí. Hubo un tiempo en el que pensé, que eso sólo lo arreglabas tú. Cantándome una nana en tanga.
Pero el tiempo pasó. Y ni nana. Ni tanga.

Estamos yendo muy lejos con esta mentira.
Y temo mucho, no encontrar el camino para volver.

Ya lo ves. Yo que me enorgullecía de saber calar a la gente.
He llegado a detestarme por todas las palabras que no dijiste.
Esas que siempre quise escuchar.

Cómo echaré de menos la violencia de tu mirada.
Y la agresividad con la que desnudabas mis ideas.
En silencio.

Y ante tu silencio. Hablo yo.
-Amor. Amante.
Mírame o ignórame.
Yo renuncio.
Te libero.-

Porque es muy fácil estar a la altura de las expectativas. Tres horas cada dos meses.
Y sé que necesitas saber, que creo que yo habría sido capaz.
Que el único motivo, por el que mi voz de gallina lograría no desafinar, habría sido
en-cantarte todas las mañanas.

No me gusta nada, usar la palabra que voy a usar.
La reservaba para una situación que hiciera honor a su significado.
Y te odio por haberme obligado a desempolvarla.
Pero la verdad, es una y única:
Eres imposible.

Tú ganas.
Escueto y directo:
Adiós. Con ese espíritu masoquista, de entender que
he vendido mi alma al diablo,
y no me arrepiento.

P.D.:
No te sientas aludido. Yo nunca estuve enamorada de ti.

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