lunes, 29 de diciembre de 2014

Mensaje 51

Vaya por delante, que tengo un mal día.
Horrible.
Sin embargo, nadie lo diría.

Cuando tengo un día como éste, mi cerebro y mi cuerpo se separan.
Cada uno por un camino especialmente trazado. Adornado. Equidistante.

Hace unas horas. Me hicieron pensar.
Fue un comentario sin importancia. Pero quedó clavado en mi frente, sin apenas avisar.
Fue creciendo hasta darme cuenta. Que era una especie_de_pensamiento invasor. Como la cotorra.

Por supuesto. Las especies invasoras, comportan graves problemas en cualquier ecosistema mental.
Ecológica_mente:
La pérdida de diversidad autóctona de pensamiento, la extinción de ideas preconcebidas y la degradación de los hábitats cerebrales invadidos.
Económica_mente:
Las plagas tienen efectos directos sobre los presupuestos para las actividades vitales. Y conllevan grandes inversiones en la erradicación del virus emocional asociado.

Cierto.
Te prometí que no cruzaría esta línea. Pre_pintada. Pre_parada.
Jamás.
No he estado más segura de algo, en toda mi vida.

Pero...
Pero supongamos.

Sólo supongamos.
Que no quiero verte nunca más.
Que quiero verte cada día.
Supongamos que por fin, te medio_creo. Te creo a medias. Te veo mediocre.
Pero ya no te detesto tanto.
Supongamos que hago casi_lo_contrario de lo que quisiera. Que no puedo evitarlo. Exhausta de lucha; el miedo a soltarme y no poder mirarme al espejo, es demasiado grande.
Supongamos que he visto el muro. Y trepé por él.
Sin permiso. Sólo para ratificar, la imagen contra_ideal que tenía de ti. Mi contrariedad a la imagen ideal. Mi ideal contrario a la imagen.
Y lo siento.
Lo que ví_sentí, me fascinó.
Supongamos que cada luna llena, te echo de menos.
A ti. Pero sobretodo, a tus aullidos.

Y.
Voy a odiarme mucho.
Supongamos que;
Te hice una promesa. Que no voy a poder cumplir.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Mensaje 50

Ella siempre lo contó como si no le importara.
- No estoy enamorada. - Repetía, una y otra vez. - Lo que pasa, es que entre nube y nube, me arreé una hostia de cuidado.
Pero en el viaje, he aprendido algunas cosas que puedo compartir contigo:

Uno: Mis principios pueden más que mi comodidad.
Dos: Una mandarina nunca será una naranja. Por mucho tiempo extra que le des para crecer.
Tres: Al preguntar por algo, ya estás cambiando la respuesta. Tanto si es para bien, como si es para mal.
Cuatro: El arte y los cronómetros son incompatibles. Casi como tú y como yo.
Cinco: Cuando te lo propones, me sacas tanto de quicio, que podría matarte lentamente sólo con una aguja de coser. Y no lo hago, porque te echaría de menos.
Seis: Los tríos suelen ser mala idea. Sobretodo, si el tercer elemento es el miedo.
Siete: Si dices NO, entenderán NO. Aún no he conocido a nadie que pueda leer tu mente. Que sepa, que estás diciendo lo contrario de lo que sientes. Porque estás acojonada.
Ocho: Es difícil vencer a la que nunca se da por vencida.
Nueve: El tiempo no parará por ti. Estar perdida, también es un camino.
Diez: Enamorarte de alguien, sin ser capaz de decírselo (ni de decírtelo a ti misma), es como tomarte un buen vino en vasos de papel.

Efectivamente, ella era una buena teórica. De las que se precipitan: sólo mentalmente.
Y hablaba usando metáforas. Dando por hecho que ibas a entenderla.

Pasó mucho tiempo, soñando con hacer las cosas. Sin el valor para hacerlas.
Encarcelada. En una cobardía plantada por su padre. Y regada por su madre. Con un número intelectual perfecto para sus calcetines desconjuntados.
Incomprendida por todos. Y por ella misma.

Aprendió mucho. Tal vez, demasiado.
Hoy en día. Ese cautiverio, es el aval a sus consejos.

Cuentan las malas lenguas, que todo empezó porque tuvo un sueño. En el que podía iluminar la oscuridad.
Y que, como las locas. Se lo creyó.

Podrán tacharla de muchas cosas, pero nunca de abandonar una idea en la que cree.
La cobijó bajo las sábanas.
Como si se tratara de una mariposa y su crisálida. Que cada noche, también sufría una transformación.
E irremediablemente, sus alas crecieron siempre un poquito más.

Durante años. Crímenes cometidos.
Bajo la irresponsabilidad de ser ella misma, en un mundo de títeres.
Miraran dónde miraran. Siempre era la culpable.
Porque había visto el telón que rodeaba el mundo. Y no encontraba excusa para defender, su rechazo a actuar.

A escondidas, a veces yo la observaba. Y el panorama en general, me daba lástima.
Otras veces, he creído que tiene un secreto tan poderoso en su interior, que sentía envidia.
Aquella envidia de pensar que bajo su mirada. Tan cansada como sobrada. Esconde una fortaleza que pocos conocen.

Sólo con mirarla, me enseñó algo:
Un día, inexplicablemente, todo empieza a encajar sin mover un dedo.
Y entiendes que, al fin y al cabo, puede que sí exista el destino.

P.D.:
Las letras de este escrito buscaron el amor. Pero no lo encontraron.
Ya desahuciadas y con pocas esperanzas, (quizás porque salían de mi boca), se imantaron formando palabras.
Y las palabras, intentaron dar sentido a esto que siempre quise, pero nunca atiné a decir.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Mensaje 49

Hay personas que son como las matrioskas.
Me refiero a esas muñecas rusas multicolores, que pueden abrirse y albergan en su interior otra muñeca más pequeña, y otra, y otra, y otra...

Lo que sucede con estas personas, es que cuando crees haberlo visto todo, de pronto se abre una brecha que te muestra un submundo más profundo, más rico y más sincero.
Se convierte pues, en una búsqueda del tesoro a pequeña escala. Pero con una recompensa mucho más importante.
Porque aunque a veces, te encuentres luz y oscuridad en porcentajes variables, una cosa es segura: te estás acercando cada vez más a la verdad.

El problema de las matrioskas, es que si no se abren nunca, para quién está dentro puede convertirse en un hermético autodevorador.

Sí.
Ella era una de aquellas personas.
Corrientemente inimitable. Sincericida.
Con pocas virtudes y muchos defectos.
Tenía aquella exasperante manía de autoprotegerse en exceso. Sólo por si acaso.
Y si te acercabas demasiado, te miraba con odio.
Como celosa de su amor. De su intimidad.
Con el miedo y las ganas, que con una mirada fueras capaz de leerla.
Y te habla con palabras que sientes escuchar por primera vez. Dónde los piropos se convierten en insultos. Y las carícias, en tortazos.

Una cosa está clara: el masoquismo emocinal nunca fue un enigma para ella. Siempre lo usaba como balanza de su fortaleza.
Como si aguantar sin pestañear, fuera parte de su identidad.

Sin embargo, ella sabe que esas muñecas están hechas para abrirse. Para descubrirse. Para disfrutarlas. Para guardar nuevos tesoros en su interior.
Sabe que algún dia, alguien encontrará la combinación correcta.
Conocerán sus detalles.
Y no habrá resistencia.

Es sólo, que nadie lo ha hecho hasta ahora.
Pero, no es nuevo.
Ése es el precio que pagan, aquellas a las que el traje de mosquita muerta les queda pequeño.