viernes, 7 de noviembre de 2014

Mensaje 48

Con fecha de hoy.
A falta de cuatro minutos para la medianoche. Cuchillo en mano. Atravesaré mi pecho.
Y no es necesario saber de anatomía para acertar, cuando el dolor se muestra con tanta exactitud.

Esta mañana intenté meterte en el cajón de los amigos distantes. Pero no cabías.
Tú me lo pediste.
Porque, intenté verte sin mirarte.
Y así me fue.

Porque, todas las historias se repiten, cuando el reparto es el mismo.
Malditos peros. Maldito miedo. Maldito Disney.

Cierto. Mi culpa.
Cuando, controlando, me dije: "Pararás mientras puedas."
Aún no he aprendido, que a las locas no se les puede hacer caso.
Pero, ¡qué cojones!
Si no me das locura con la que lidiar. Ni puedes lidiar con la mía. Tampoco te mereces lidiar conmigo.
Porque, ¿qué tiene de loco, que mientras esté pasando una desgracia, pueda sonreír si pienso en ti?
Tú siempre lo supiste:
Una vida de ir tirando, no me vale la pena.

Debo reconocer, que en tu engaño, casi lo lograste.
Y es que, en nuestras noches de charlas y silencios explosivos. La palabra felicidad, no me resultaba tan extraña.
Eras, casi como el mejor peor alucinógeno.

Pero, si algo tiene que quedarte claro...
...es que, de las cosas buenas que saqué de nuestra efímera relación, tú no fuiste una.
Y me dejaste tan inquieta, que siento que voy a morir sin saber por qué.

Esta noche, cuchillo en mano. Atravesaré mi pecho: tu hogar.
Por la presente, te invito a tu propio asesinato.
Que tendrá lugar, Dios mediante, a cuatro minutos de la medianoche.
Se ruega puntualidad.